La aseguradora de crédito francesa Coface describió una serie de desafíos para implementar las medidas de apoyo al poder adquisitivo en las familias de Estados Unidos.
Por ejemplo, prohibir la compra institucional de viviendas unifamiliares probablemente requeriría una orden ejecutiva y podría enfrentar impugnaciones constitucionales en virtud de la Cláusula de Expropiaciones de la Quinta Enmienda, que prohíbe al gobierno expropiar propiedad privada para uso público sin una “compensación justa”.
Sin el apoyo del Congreso, que sigue siendo muy incierto, esta política no se implementaría.
Poder adquisitivo en Estados Unidos
De igual manera, obtener el apoyo necesario del Congreso para implementar el límite de las tasas de interés de las tarjetas de crédito (tasa de porcentaje anual o APR) será una ardua tarea.
Al no existir leyes que otorguen al ejecutivo o a las agencias reguladoras la autoridad para fijar precios en el mercado de préstamos con tarjetas de crédito, la iniciativa requeriría nueva legislación.
Dos proyectos de ley recientes se propusieron a principios de 2025, respaldados por miembros de ambos partidos (los demócratas Bernie Sanders y Alexandra Ocasio Cortez, y los republicanos Josh Hawley y Ana Paulina Luna).
Ambos se han estancado tras ser presentados a los comités pertinentes del Congreso, lo que para la Coface sugiere que la idea carece de un amplio apoyo bipartidista.
Una política diluida (un límite fijo más alto o un sistema escalonado) podría tener mayores posibilidades de aprobación.
Tarjetas de crédito
Un límite a la APR reduciría la asequibilidad para los hogares de menores ingresos. En contraste, la mejoraría para quienes están en mejor posición financiera. Así, el impacto sería desigual.
Hoy, las tarjetas de crédito concentran 57% de los préstamos al consumidor en Estados Unidos. Además, financian cerca de 5% del gasto mensual. La APR promedio ronda 21%. Desde 1996, nunca ha bajado de 11.8 por ciento.
Por un lado, la banca advierte un recorte masivo del crédito. El riesgo, señalan, alcanzaría a la economía. Por otro lado, la investigación académica sostiene que los márgenes permitirían absorber incluso un tope de 10%. Sin embargo, el efecto real estaría a medio camino. Parte de los usuarios más pobres perdería acceso. Los restantes mantendrían crédito, pero a tasas más bajas.