La historia de los contenedores internacionales, ISO o TEU comenzó con la idea y creación del empresario estadounidense Malcom McLean.
Esta historia se resumió como un referente de las ventajas de las normas internacionales en Informe sobre el Desarrollo Mundial 2025: Normas para el Desarrollo, elaborado por el Grupo Banco Mundial.
Historia de los contenedores internacionales
El informe introduce esta parte ligando la logística con las regulaciones. Los acuerdos comerciales lubrican desde hace mucho tiempo los engranajes de la economía global. Han suavizado las fricciones transfronterizas, creado un acceso previsible a los mercados e integrado normas estándar en la regulación nacional, lo que permite que los productos circulen a gran escala.
Luego destaca: la verdadera revolución llegó de manera silenciosa, y hace relativamente poco, de la mano de un empresario estadounidense del transporte por carretera llamado Malcom McLean, a mediados de la década de 1950.
Hasta entonces, las mercancías se transportaban con métodos que apenas habían cambiado a lo largo de los siglos. La carga debía colocarse pieza por pieza, en cajas, sacos o barriles, y cargarse en carruajes, camiones, trenes y barcos.
En cada etapa, todo se descargaba de un vehículo y se volvía a cargar en el siguiente, por lo general utilizando distintos equipos especializados.
McLean estandarizó la modesta caja de acero, preparándola para facilitar la carga y el envío en todas las formas de transporte: carretera, ferrocarril, aire y mar.
Con ello, redujo drásticamente los costos y los tiempos de manipulación: el costo de transporte cayó al menos 25 por ciento. También disminuyó el riesgo de robo y de daños.
Un contenedor internacional es un recipiente de carga estandarizado bajo normas ISO, diseñado para el transporte intermodal de mercancías. Su estructura metálica permite el trasvase seguro entre buques, trenes y camiones sin vaciar el contenido, optimizando la logística global mediante unidades de medida TEU.
Justo a tiempo
De acuerdo con el mismo informe del Grupo Banco Mundial, la estandarización de McLean no solo puso orden al transporte marítimo. Los contenedores estándar dieron al mundo un lenguaje comercial común. Un contenedor sellado en Shanghái podía desembarcar en Róterdam y subirse a un camión, rara vez abierto o siquiera tocado por manos humanas.
Las normas transformaron el caos en orden, fomentando los milagros económicos del método de fabricación “justo a tiempo”. Los barcos se hicieron más grandes. Las cadenas de suministro se multiplicaron. El comercio se disparó. McLean aceleró aún más el proceso al conceder licencias gratuitas de sus patentes sobre contenedores a la ISO.
En 1965, la ISO codificó casi todo lo relacionado con los contenedores: dimensiones, reglas de apilamiento, cierres giratorios, resistencia y sistemas de elevación. De pronto, existía un único manual de referencia, y la interoperabilidad global. El resultado fue extraordinario. Los contenedores impulsaron de forma permanente al comercio: un aumento acumulado del 1,240% en el comercio entre las economías avanzadas tras 15 años; según muchas estimaciones, un efecto superior al impacto combinado de todos los acuerdos comerciales del medio siglo anterior.
En 22 países industriales, los contenedores estandarizados incrementaron el comercio bilateral 300% en apenas cinco cinco años y casi 800% en 20 años. Esto superó con creces el 45% asociado a los acuerdos bilaterales de libre comercio durante los mismos 20 años y el 285% derivado de la adhesión al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, precursor de la OMC.