Cada 8 de junio, el Día Mundial de los Océanos nos recuerda que el mar no es remoto. Es regulador climático, vía de comunicación, reserva de biodiversidad y condición material del comercio internacional. Sin embargo, en México mantenemos una relación incompleta con el océano: lo admiramos como paisaje, lo promovemos como destino turístico y lo usamos como ruta, pero pocas veces lo pensamos como una estructura central de nuestro desarrollo.
México necesita construir un nuevo imaginario oceánico. No se trata de una imagen romántica del mar, sino de cómo una sociedad se concibe frente a sus costas, puertos, rutas, recursos y responsabilidades. Nuestro imaginario ha sido insuficiente: México suele pensarse como país terrestre, fronterizo, manufacturero o continental, pero no con la misma fuerza como país marítimo. Esa omisión tiene consecuencias jurídicas, económicas y ambientales.
Digitalizar los puertos
La paradoja es evidente. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales señala que los litorales continentales del país suman 11,122 kilómetros, sin considerar litorales insulares. México tiene costas en el Pacífico, el Golfo de México y el Caribe, puertos estratégicos para el comercio exterior y zonas marinas de enorme valor ambiental. No obstante, la conversación pública sigue tratando al mar como periferia.
El Día Mundial de los Océanos de 2026 invita a reimaginar nuestra relación con el océano. Para México, esa invitación no sólo significa proteger arrecifes, especies o playas; también exige revisar cómo administramos nuestros puertos, movemos mercancías, generamos datos, coordinamos autoridades y hacemos cumplir el derecho marítimo.
Por eso conviene decirlo con claridad: digitalizar los puertos también es proteger el océano.
A primera vista, digitalización portuaria y protección oceánica podrían parecer asuntos distintos: logística y competitividad, por un lado; conservación ambiental, biodiversidad y política climática, por el otro. Esa separación es engañosa. En la realidad portuaria contemporánea, ambos temas están conectados.
Ventanilla Única Marítima
Un puerto mal coordinado genera esperas, duplicidades, congestión, uso excesivo de papel, inspecciones fragmentadas, información incompleta y decisiones tardías. Un puerto digitalizado permite anticipar llegadas, ordenar maniobras, compartir información entre autoridades, reducir tiempos muertos, mejorar la trazabilidad de mercancías, identificar riesgos y documentar con mayor precisión el cumplimiento normativo. La digitalización no es sólo eficiencia: es infraestructura de gobernanza.
La Organización Marítima Internacional ha dado un paso importante en esa dirección. Desde el 1 de enero de 2024, sus Estados miembros deben utilizar una Ventanilla Única Marítima para recopilar e intercambiar información cuando los buques hacen escala en los puertos. Esto confirma una tendencia global: los puertos del siglo XXI ya no pueden administrarse con lógicas documentales del siglo XX.
La digitalización también tiene una dimensión ambiental. El Banco Mundial y la International Association of Ports and Harbors han señalado que el uso coordinado de tecnología digital puede generar ganancias de eficiencia, cadenas de suministro más resilientes y menores emisiones. La protección del océano no ocurre sólo en áreas protegidas; también se decide en operaciones cotidianas: cuánto espera un buque, cómo se programa una escala, qué carga se inspecciona, qué riesgo se detecta y qué autoridad actúa a tiempo.
Datos confiables
Para el derecho marítimo mexicano, este punto es fundamental. Los datos portuarios tienen valor jurídico: acreditan operaciones, activan responsabilidades, permiten verificar cumplimiento, fortalecen la seguridad, documentan riesgos ambientales y facilitan la coordinación entre autoridades marítimas, portuarias, aduaneras, ambientales, sanitarias y de seguridad.
Sin datos confiables, el Estado llega tarde. Sin interoperabilidad, las autoridades trabajan en compartimentos aislados. Y sin trazabilidad, la carga se vuelve opaca. Cuando la información fluye con oportunidad y certeza, el derecho puede prevenir, supervisar, sancionar, corregir y orientar.
México no podrá proteger plenamente sus mares mientras siga pensando sus puertos sólo como infraestructura de carga. Los puertos son puntos de contacto entre territorio y océano; economía y ambiente; comercio exterior y soberanía; derecho nacional y obligaciones internacionales. Son instituciones materiales de la relación de México con el mar.
Protección de los oceanos
Reimaginar nuestra relación con el océano implica superar una visión ornamental del mar. Cuidarlo exige ciencia, conservación y vigilancia, pero también derecho marítimo, tecnología, trazabilidad, instituciones coordinadas y puertos inteligentes.
En este Día Mundial de los Océanos, la pregunta no debería ser únicamente cómo proteger más mar, sino cómo gobernarlo mejor. Para México, esa respuesta empieza también en sus puertos. Digitalizar los puertos no es solamente modernizar el comercio exterior: es construir trazabilidad, responsabilidad y presencia institucional sobre una parte esencial de nuestra vida marítima.
Y, sobre todo, es comenzar a formar el imaginario oceánico que México necesita: uno que deje de ver el mar como margen y lo reconozca como centro.
Sobre el autor de este artículo
Roberto Arriola García es abogado especializado en derecho marítimo y gobernanza oceánica. Es autor del Tratado de Derecho Marítimo Mexicano y fundador de Latin American Maritime Law Studies (LAMLS). Trabaja en modernización jurídica, gobernanza portuaria, digitalización logística y cultura oceánica para México.