Estados Unidos ha propiciado una reestructuración del comercio internacional, con bloques arancelarios como estrategia geopolítica, describió la Secretaría de Economía.
El proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se inscribe en el contexto de una profunda reestructura del comercio global, impulsada por los cambios en la visión de Estados Unidos sobre la política comercial.
Reestructuración del comercio internacional
Después de décadas de globalización económica, la política comercial de Estados Unidos cambió de rumbo. El objetivo es claro: reducir su déficit comercial con el mundo. Washington sostiene que varios países se beneficiaron de su apertura sin ofrecer reciprocidad.

Con ese enfoque, Estados Unidos busca recuperar contenido estadounidense en sus manufacturas y recomponer el empleo industrial perdido, sobre todo frente a Asia. En abril de 2025, recurrió a la Ley de Poderes Económicos Internacionales de Emergencia (IEEPA) de 1977 para imponer aranceles globales. Lo hizo bajo argumentos no comerciales, como el tráfico de drogas y el control migratorio.
Bajo ese mecanismo, aplicó aranceles diferenciados por país, con un promedio de 16 por ciento. Sin embargo, en febrero de 2026, la Suprema Corte determinó que esa ley no facultaba al presidente para imponer aranceles. Entonces, suspendió su aplicación y el arancel promedio bajó a 9 por ciento.
Aun así, Estados Unidos sigue usando otros instrumentos legales para elevar aranceles. Entre ellos están las secciones 122 y 301 de la Ley de Comercio de 1974. Con ello, podría restablecer en buena medida los aranceles suspendidos bajo la IEEPA para todos los países.
La Secretaría de Economía expuso este contexto en un informe sobre la revisión del T-MEC que envió este miércoles al Congreso mexicano.
Bloques arancelarios
Además, bajo el argumento de seguridad nacional, el gobierno estadounidense ha impuesto aranceles con la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962. La medida busca proteger sectores que considera estratégicos, como el acero, el aluminio y la industria automotriz.
Este proceso de reestructuración del comercio ya tiene efectos globales. Abarca desde los grandes aliados de Estados Unidos hasta los países de Asia. Y, cada vez más, está dividiendo al mundo en bloques arancelarios. Se trata de una estrategia geopolítica y también de negociación. Washington la usa para condicionar el acceso a su mercado a compromisos específicos de sus socios.
T-MEC
Estados Unidos tiene 14 tratados de libre comercio. Sin embargo, las medidas comerciales aplicadas en los últimos 14 meses los han vuelto inoperantes, salvo el T-MEC. Ese acuerdo conserva una excepción general. No le aplica la sección 122 y, en su momento, tampoco la IEEPA, aunque sí enfrenta aranceles bajo la Sección 232.
Hoy, por su tamaño y relevancia, México conserva mayores ventajas comerciales. Esto obedece, sobre todo, al cumplimiento de las reglas de origen para exportar a Estados Unidos. Frente al resto del mundo, esa condición le da una posición más favorable.
Prospectiva
Para las empresas afectadas, la prioridad es anticipar cambios en aranceles, reglas de origen y requisitos regulatorios. Conviene revisar cadenas de suministro, contratos y márgenes de exportación. Quienes ajusten su estrategia con rapidez podrán reducir riesgos y sostener competitividad.
En perspectiva, el entorno apunta a una mayor fragmentación comercial y a decisiones más políticas que técnicas. Las empresas beneficiadas deberán consolidar su posición en Norteamérica, diversificar mercados y fortalecer el cumplimiento. Las que no se adapten enfrentarán mayores costos y menor acceso.