Metalsa destacó que ha crecido la interdependencia de autopartes entre México y Estados Unidos, impulsada por las reglas de origen del T-MEC.
La empresa fabrica componentes automotrices para varios de los principales fabricantes de automóviles estadounidenses, incluidos Ford Motor Company, General Motors y Stellantis North America, entre otros. En total, emplea a 3,700 trabajadores en Estados Unidos.
Interdependencia de autopartes
En una carta dirigida a la USTR, Metalsa pidió no cambiar las reglas de origen automotrices en la revisión del T-MEC.
Al igual que la industria automotriz y de autopartes, Metalsa se ha beneficiado del funcionamiento actual del T-MEC desde su entrada en vigor en 2020. En particular, el trato libre de aranceles para las autopartes que cumplen con el acuerdo ha sido un factor clave. Gracias a ello, la empresa integró de forma más profunda sus operaciones en Norteamérica. Además, amplió su presencia manufacturera en Estados Unidos.
Como resultado de esta integración, el desempeño de las operaciones estadounidenses depende en gran medida de su vínculo con México. En efecto, las acciones adoptadas para cumplir con las reglas de origen del T-MEC fortalecieron una interdependencia operativa. Así, las plantas de ambos países funcionan como un solo sistema productivo.
En Estados Unidos, Metalsa cuenta con una presencia manufacturera relevante. Opera instalaciones de producción en Elizabethtown, Hopkinsville y Owensboro, en Kentucky. También mantiene una planta en Roanoke, Virginia.
Asimismo, la empresa gestiona centros de secuenciación en San Antonio, Texas, y en Sterling Heights, Michigan. Finalmente, mantiene una oficina comercial en Novi, Michigan, desde donde coordina parte de sus operaciones en el mercado estadounidense.
Sección 232
En opinión de Metalsa, las medidas de la Administración Trump para incentivar una mayor inversión en la industria automotriz nacional representan una señal política relevante. En particular, la imposición de aranceles a automóviles y autopartes bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962 es vista por esta empresa como un paso positivo. Además, desde su perspectiva, estas acciones buscan fortalecer la manufactura en Estados Unidos.
Sin embargo, el impacto real de estas inversiones depende, en gran medida, de reducir las disrupciones en la cadena de suministro norteamericana de vehículos y autopartes. Por ello, la política arancelaria resulta relevante. En este contexto, la Administración Trump ha aplicado medidas consideradas estratégicas para sostener la integración productiva regional.
En concreto, la exclusión temporal de las autopartes que cumplen con el T-MEC de los aranceles de la Sección 232 marca una diferencia. Asimismo, la prioridad otorgada a los aranceles sobre automóviles y autopartes bajo el criterio de “acumulación” orienta las decisiones de inversión. Finalmente, el régimen de compensación para fabricantes nacionales frente a los aranceles sobre autopartes importadas contribuye a los objetivos de política industrial definidos por el presidente Trump.