La revisión del T-MEC en 2026 definirá el futuro del nearshoring en México y la estabilidad del comercio exterior regional. El mecanismo previsto en el tratado contempla tres rutas formales que inciden directamente en la certidumbre jurídica, la inversión extranjera directa y las cadenas de suministro en Norteamérica.
Desde su entrada en vigor en julio de 2020, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá establece una cláusula de revisión sexenal. En 2026, los socios podrán extender automáticamente su vigencia por 16 años adicionales, activar revisiones anuales o iniciar el proceso de terminación con preaviso de seis meses.
Extensión automática: certidumbre y aceleración del nearshoring
Si existe consenso total, el acuerdo se ampliaría hasta 2042. Esta decisión otorgaría previsibilidad regulatoria de largo plazo. Además, reforzaría la competitividad regional frente a Asia y consolidaría proyectos de relocalización productiva en sectores estratégicos como automotriz, semiconductores y manufactura avanzada.
Para las empresas exportadoras, la extensión implicaría estabilidad en reglas de origen, aranceles preferenciales y acceso consolidado al mercado estadounidense. En consecuencia, se fortalecería la planeación de inversiones de capital intensivo y la integración de cadenas de suministro bajo el paraguas del comercio administrado regional.
Revisiones anuales: incertidumbre moderada y presión regulatoria
Si no hay consenso pleno, el tratado seguiría vigente, pero entraría en un esquema de revisión anual. Este escenario mantendría el acceso preferencial, aunque con mayor volatilidad normativa. La posibilidad de ajustes en política comercial y reglas sectoriales podría retrasar decisiones de inversión extranjera directa.
En ausencia de acuerdo posterior, el T-MEC expiraría en 2036. Este horizonte introduce un riesgo estratégico para proyectos de largo plazo. Las empresas deberían ajustar matrices de riesgo, contratos y estrategias de abastecimiento ante potenciales cambios en aranceles y disciplinas comerciales.
Terminación del tratado: regreso a aranceles OMC
El escenario menos probable contempla la salida del acuerdo. En ese caso, el comercio regional regresaría a aranceles bajo las reglas de la Organización Mundial del Comercio. El impacto incluiría mayores costos logísticos, pérdida de preferencias y menor integración productiva.
Diversos análisis estiman que un retorno a esquemas multilaterales elevaría fricciones comerciales. Además, afectaría la competitividad manufacturera mexicana y su posicionamiento en cadenas globales. La incertidumbre también podría desacelerar la captación de inversión productiva orientada a exportación.
Política comercial en Norteamérica y tensiones estructurales
La política comercial de Estados Unidos combina defensa industrial, subsidios estratégicos y uso selectivo de aranceles. Asimismo, prioriza la resiliencia de cadenas de suministro y reducción del déficit comercial de bienes. Este entorno condiciona la negociación trilateral y redefine incentivos para el nearshoring.
Las tensiones tecnológicas con China en sectores como vehículos eléctricos y semiconductores intensifican la relocalización productiva en Norteamérica. En este contexto, México emerge como plataforma manufacturera clave, aunque dependiente de estabilidad regulatoria y cumplimiento de compromisos comerciales.
Inversión extranjera directa y desempeño exportador
México captó 40,906 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa durante los primeros tres trimestres de 2025, un crecimiento interanual de 14.5%, según la Secretaría de Economía. Destaca el aumento de 218.6% en nuevas inversiones, indicador sensible al entorno regulatorio.
Las exportaciones mexicanas alcanzaron 664,066.2 millones de dólares en 2025, con alza de 7.6% anual, de acuerdo con el Inegi. Este dinamismo superó la expansión global de 6% estimada por la UNCTAD, reforzando la relevancia estratégica del país.