La exfoliación es un paso fundamental dentro del cuidado facial para mantener una piel saludable, luminosa y con una textura uniforme. En este sentido, los ácidos exfoliantes se han convertido en aliados indispensables dentro de las rutinas de belleza en México, por su capacidad para renovar la piel al disolver las células muertas de la epidermis y estimular la regeneración celular.
A diferencia de los exfoliantes físicos, que actúan mediante frotación mecánica, los ácidos exfoliantes actúan químicamente para lograr una exfoliación controlada y menos agresiva, adaptándose a diferentes tipos de piel según su composición y concentración.
Cómo usar los ácidos exfoliantes
Para aprovechar al máximo los beneficios de los ácidos exfoliantes, es fundamental seguir ciertas recomendaciones. Primero, la piel debe estar limpia y seca antes de aplicar cualquier producto con ácidos. Se recomienda comenzar con aplicaciones de dos a tres veces por semana, para que la piel se vaya acostumbrando y evitar irritaciones. A medida que la piel se adapta, se puede incrementar la frecuencia según la tolerancia individual.
Luego de aplicar el ácido exfoliante, es imprescindible usar un hidratante para proteger y fortalecer la barrera cutánea. Además, el uso diario de un protector solar es indispensable para prevenir daños y manchas, ya que los ácidos aumentan la fotosensibilidad de la piel.
Dentro de esta rutina también se puede incluir el uso de sueros antioxidantes como el Sodimel suero facial. Este suero, rico en enzimas antioxidantes, ayuda a proteger la piel del estrés oxidativo causado por contaminantes y rayos UV, aportando hidratación y confort. Su textura ligera lo hace un complemento ideal para utilizar junto con tratamientos exfoliantes con AHA y PHA, potenciando los beneficios y minimizando molestias o irritaciones.

Además, Sodimel suero facial contribuye activamente a la prevención de manchas, arrugas y líneas de expresión gracias a su fórmula basada en Superóxido Dismutasa (SOD), una enzima antioxidante que combate los radicales libres, principales causantes del envejecimiento prematuro. Este suero no solo nutre e hidrata profundamente la piel, sino que también mejora su elasticidad y firmeza, facilitando una recuperación más rápida después de la exfoliación.
Esta combinación de protección y reparación convierte a Sodimel en un aliado fundamental para quienes integran ácidos exfoliantes en su rutina diaria de cuidado facial, especialmente en contextos de alta exposición ambiental como en México.
Beneficios generales y precauciones
El uso adecuado de ácidos exfoliantes ofrece múltiples beneficios para la piel. Estos productos eliminan las células muertas acumuladas, mejoran la textura y el tono cutáneo, estimulan la producción de colágeno, reducen manchas, suavizan líneas de expresión y ayudan a controlar el acné al mantener los poros limpios. La exfoliación química puede incluso aliviar síntomas de condiciones como la psoriasis y la rosácea, siempre y cuando se utilicen fórmulas adecuadas para cada tipo de piel.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que no toda piel reacciona igual y que un uso inapropiado puede causar irritación, enrojecimiento o sensibilidad excesiva. Por ello, se recomienda consultar a un dermatólogo antes de incorporar ácidos exfoliantes en la rutina, sobre todo en pieles delicadas o con afecciones específicas. También es fundamental no usar múltiples exfoliantes químicos al mismo tiempo para evitar proteger la barrera cutánea.
Tipos de ácidos exfoliantes
Ácidos Alfa Hidroxi (AHA)
Los AHA o ácidos alfa hidroxi, son ácidos solubles en agua que exfolian principalmente la superficie de la piel. Se encuentran en fuentes naturales como las frutas, la leche y la caña de azúcar. Entre los más comunes destacan el ácido glicólico, el ácido láctico y el ácido mandélico. El ácido glicólico es muy popular en México por su eficacia para acelerar la renovación celular, eliminar células muertas y aumentar la producción de colágeno y ácido hialurónico en la piel, lo que resulta en una epidermis más firme, luminosa y suave.
Por otro lado, el ácido mandélico posee moléculas más grandes, lo que lo hace ideal para pieles sensibles gracias a su exfoliación más suave y calmante. El ácido láctico no solo exfolia, sino que también hidrata, ayudando a mantener la barrera cutánea hidratada y reforzada. El ácido glicólico, por ejemplo, funciona disolviendo los enlaces que mantienen unidas las células muertas en la capa superficial de la piel, permitiendo que estas se desprendan de manera suave, lo que revela una piel más tersa y fresca.
Salud cutánea
Además, estimula la producción natural de colágeno, ayudando a minimizar líneas de expresión y arrugas, así como a desvanecer manchas oscuras y la hiperpigmentación. Como humectante, también atrae y retiene humedad dentro de la piel, fortaleciendo la salud cutánea. Sin embargo, es importante utilizar productos con AHA acompañados de protector solar, ya que aumentan la sensibilidad de la piel a los rayos solares.
Otros ácidos dentro de los AHA incluyen el ácido málico, procedente de las manzanas, que actúa como un complemento para potenciar la efectividad de los ácidos glicólico y láctico. El ácido tartárico, que se encuentra en uvas y plátanos, sirve principalmente para regular el pH de los productos y aportar antioxidantes. Finalmente, el ácido cítrico proviene de frutas cítricas como naranjas y limones, conocido también por sus propiedades antioxidantes y antibacterianas, aunque puede aumentar la sensibilidad de la piel debido a su bajo pH.
Polihidroxiácidos (PHA)
Los PHA o polihidroxiácidos son una generación más reciente de ácidos exfoliantes que se caracterizan por tener moléculas más grandes que limitan su penetración únicamente a la capa superficial de la epidermis. Esta propiedad los convierte en una opción excelente para las pieles sensibles o reactivas, ya que ejercen una exfoliación muy suave y minimizan el riesgo de irritación.
Los PHAs como la gluconolactona y el ácido lactobiónico no solo exfolian, sino que también hidratan la piel, unifican el tono y aportan antioxidantes que protegen contra el daño ambiental. Por estas razones, son ideales para climas como el mexicano, donde es importante cuidar la piel evitando daños por los factores externos mientras se mantiene una rutina efectiva.

Aspectos clave para elegir el ácido exfoliante ideal
Elegir el ácido exfoliante correcto depende del tipo de piel, la sensibilidad y las necesidades particulares de cada persona. Por ejemplo, las pieles grasas y con tendencia al acné pueden beneficiarse del uso combinado de ácidos AHA con BHA (ácidos beta hidroxi, como el ácido salicílico, que penetra profundamente en el poro y ayuda a limpiar el exceso de sebo), mientras que las pieles secas o sensibles suelen beneficiarse más de los PHA, por su suave acción hidratante y menos irritante.
La concentración del ácido es otro factor determinante. Para principiantes, se sugieren productos con menor concentración (entre 2% y 5%), para ir incrementando paulatinamente según se tolere. Ácidos con concentraciones elevadas (más del 10%) suelen estar indicados solo para uso profesional o bajo supervisión dermatológica.
Finalmente, la formulación y los ingredientes adicionales pueden potenciar o reducir la eficacia y tolerancia del ácido exfoliante. Por ejemplo, algunos productos combinan AHAs con antioxidantes, péptidos o agentes calmantes para mejorar los resultados y reducir la irritación potencial.